El desequilibrio de poder en las dinámicas humanas: por qué toleramos a los poderosos
Los seres humanos somos, por falta de un término mejor, chimpancés obsesionados con el estatus . Gran parte de nuestro comportamiento social gira en torno a adquirir estatus y evitar perderlo. Pocas emociones negativas son tan poderosas como el sentimiento de rechazo, impotencia y soledad, todos vinculados a una percepción de bajo estatus social, personal o económico. Un comentario mal recibido, por ejemplo, puede desencadenar una cascada de inseguridades y ansiedad social, evidenciando cuán profundamente tememos la exclusión del grupo. Sin embargo, aquellas personas con poder percibido o real dentro de las dinámicas sociales suelen operar bajo reglas diferentes. Pueden permitirse cometer errores, hacer comentarios de mal gusto o incluso ofensivos, y estos son recibidos con neutralidad, excusados o, en casos extremos, celebrados. Mientras tanto, las mismas acciones provenientes de alguien sin poder serían universalmente condenadas. Un ejemplo llamativo es el del expresidente de Estad...

